Es así como mi obra deja de inspirarse en un futuro artificial y deja de contemplar el ser universal para poder deleitarse en un imaginario personal que, aunque conservando parte del misticismo inicial, va adquiriendo realidad. Mi mirada artística madura y se vuelve consciente de sí misma .La melancolía me impulsa a crear, pero el resultado no es oscuro. Mis recuerdos abstractos se ubican en un paisaje sofisticado y elegante iluminado por una luz mediterránea, eterna, a la que debo toda mi paleta cromática.Y es el dinamismo del recuerdo el que permite poner en marcha la reconstrucción de las imágenes retenidas. Pero sin ser consciente, aunque gustosamente, mi impulso creativo se acelera para difuminar esa experiencia que me ofrece la memoria. Así encuentro la pureza de mi introspección gracias a la cual puedo crear el delirio verdadero. Pero no es la locura lo que me rodea si no la armonía de una imagen que siendo surrealista evoca elementos de mi pasado, pero también del nuestro.

Jordi Budi
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