Todos le debemos algo al mar, a la tierra y a los que defendieron con elogios el esfuerzo de nuestras manos. Actualmente lo natural desaparece y la ignorancia ya no es compatible con el saber vivir. Muy pocos contemplamos el cielo, los reflejos del agua o el pan. Por lo contrario volamos en avión, nos bañamos en verano y comemos sin hambre. Es por eso que siempre pienso en las vidas auténticas de aquellos que con sus manos tocaron el mar y la tierra con amor. Seguro que lo hicieron por necesidad pero también por voluntad. Respetan lo que hacían porque respetaban a la vida.

Para acabar querría dejar constancia de que hay un impulso vital que siempre acompaña a mi creación: mi esposa. La adoro y le debo toda mi inspiración que hace posible la reorientación de mi trayectoria artística y vital.

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Jordi Budi
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