Actualmente los valores auténticos se desvanecen para dejar paso a la vanidad que genera la comedia del dinero: todo lo malo se convierte en bueno y el aire que se consume es artificial .La farsa de la igualdad se activa y no hay quien se salve ante tan poca pureza. Seguro que por eso me refugio en lo que para mi es la esencia propia del mundo, a saber: aquello que no debería estar sometido al cambio y cuyo conocimiento debería permanecer siempre verdadero. Busco la supervivencia humana, siempre infinita, sin necesidades artificiales añadidas; aquella que hace que la vida tenga un sentido natural, pero no por ello acultural. Y siempre la encuentro en electos nobles iluminados con luz mediterránea. De todo ello resulta una pintura surrealista, con cromatismo mediterráneo, delirante y comestible que no deja indiferente a la sensibilidad cultivada. Pero no soy yo quien debe juzgar el resultado de mis creaciones sino ustedes, espectadores presupuestos a gozar de la comodidad que ofrece la contemplación activa de la pureza que genera la percepción de una ensoñación verdadera. Adelante, juzguen; pero sobretodo disfruten porque el arte permite que la autenticidad se ubique en un espacio y un tiempo que no por ser creados son fingidos.

Obra de Jordi Budi
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